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El barco Juan Sebastián Elcano y su circunstancia

Son muchos los países que cuentan con veleros para la formación profesional de sus oficiales, pero ésta práctica se emplea más por tradición marinera que por utilidad patente.

Navegar a vela requiere inteligencia, esfuerzo físico, serenidad confianza en sí mismo, habilidad y todas esas virtudes nada despreciables en la formación marinera del futuro oficial de la Armada, aunque una vez conseguido su despacho, y salvo casos esporádicos de destino en el Elcano, no vuelvan a pisar la cubierta del airoso velero.

La vida a bordo de un buque – escuela supone aunar esfuerzos y voluntades, coordinar movimientos y pausas, buscar y encontrar un ritmo unánime y compartido.

Hay algo funcional y vivo a bordo que prende en los espíritus y trasciende a la estática belleza de las formas.

Pero el barco es también un ser vivo con un destino marcado desde que se le pone su quilla hasta que se ordena su desguace.

Su vida en todo ese tiempo está condicionada por la de quienes la comparten, aunque es un intercambio simbiótico, su dotación asume como propias todas y cada una de las vivencias que le imprimen carácter.

Encarar la semblanza biográfica de un barco, de características tan especiales como las de Juan Sebastián de Elcano, supone no sólo recorrer su trayectoria y en sus viajes y comisiones que quedan consignadas en los diarios de navegación o cuadernos de bitácora, sino penetrar en su circunstancia cuya seña de identidad tienen un talante propio.

Saber cómo se vive a bordo, cuál es el ambiente, qué virtudes se palpan, qué defectos se padecen. En un barco como el Elcano, que precisa todos los años un complicado proceso operativo para cada crucero de instrucción, esta percepción es del todo necesaria.

Juan Sebastián Elcano

No se trata de saber sólo lo que el Elcano es, ni de las importantes misiones que realiza para España y su Armada, sino de cómo el barco responde a toda la generosa exigencia de cuanto se le pide o reclama; cómo se programa un viaje, cómo se realiza y desarrolla, cómo es un día de mar en las travesías distanciadas, cuál es su papel en los puertos en que se hace escala y quién es quién en su función a bordo El barco entonces es determinado por su circunstancia.

Cuando el Juan Sebastián Elcano rinde viaje en Cádiz, verano tras verano, ya los guardiamarinas han desembarcado en Marín y se han desperdigado en el disfrute de unas merecidas vacaciones.

De Cádiz el buque llega a la Carraca, Arsenal Militar de Marina, tras su paso siempre admirado por los automovilistas que ven interrumpido unos minutos el tráfico por el puente de Carranza.

Durante unos días el comandante termina por redactar el parte de campaña, del que no pocas veces pueden salir las páginas de todo un libro, e informa del viaje al Almirante Jefe de la Zona Marítima del Estrecho, del que depende el buque salvo cuando está navegando, cuya dependencia directa entonces es del Almirante Jefe del Estado Mayor de la Armada.

Con el Elcano aposentado en el muelle carraqueño se estudia con el jefe de Mantenimiento del Arsenal las obras que hay que hacer en el barco con vistas al próximo viaje y se redacta el plan procurando iniciar inmediatamente aquellas de larga duración, como el recorrido de motores y las de revisión de casco, timón, imbornales, jarcias etc.
Pueden vivirse un desmantelamiento total.

La salida y la llegada del barco es una cita obligatoria para ir a verlo. Los familiares y gaditanos y gaditanas reciben y despiden emotivamente a los marineros.

En agosto de 2020 hasta el mismo mes de 2021 dará su undécima vuelta al mundo.

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